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jueves, 21 de febrero de 2013

Inicia la Copa de los Sacerdotes y Seminaristas " Clericus Cup"! Séptima temporada 2013!


Por Luis Alva

Hoy inicia la presentación oficial en el NAC (North American College) sede de los actuales campeones y el  sábado 23 de febrero a las 9:00 de la mañana inicia ya la Séptima temporada de la  Clericus Cup o la Copa de los Clérigos. Es una "competición" futbolística eclesiástica que se realiza anualmente en Roma. Participan las Universidades - Seminarios de la Iglesia Católica en Roma. Los jugadores normalmente son sacerdotes y seminaristas de diversos países del mundo que estudian en Roma. El torneo anual es organizado por el Centro Sportivo ItalianoLa liga es una creación del cardenal Secretario de Estado Tarcicio Bertone, quien es un cardenal amante del fútbol. 

Esta competencia tuvo sus inicios en 2003, cuando Jim Mulligan, un seminarista en el Pontificio Colegio Beda, fundó un torneo eliminatorio que participaron ocho equipos internacionales de los Colegios Seminario de Roma. Esta competición se llamaba entonces LA COPA DE ROMA.
La primera temporada se jugó entre febrero y mayo de 2007.
La segunda temporada comenzó en noviembre de 2007 y en terminar el 3 de mayo de 2008. Los juegos de la temporada se jugaron en Oratorio San Pietro, en la Via di Santa Maria Mediadora de 24. 
La tercera temporada se jugó entre febrero y mayo de 2009 con Redemptoris Mater ganar el campeonato contra el Pontificio Colegio Norteamericano. (Esta temporada fue presidida por uno de los mejores árbitros de Italia, Stefano Farina).
La cuarta temporada se jugó entre febrero y mayo de 2010 con el partido por el campeonato de nuevo que consiste en Redemptoris Mater contra el Pontificio Colegio Norteamericano. Redemptoris Mater ganó el partido por el campeonato, 1-0, contra el Colegio Norteamericano, el mismo resultado que en 2009.
La quinta temporada de la Copa de los Clérigos se realizo en febrero de 2011.

Un dato curioso de ésta liga. Además de las tarjetas roja y amarilla se usa la de color azul. La tarjeta de color azul se utiliza para una sanción de banquillo por 5 minutos para el juego antideportivo.

Vicente del Bosque  Gonzáles seleccionador de la selección de fútbol de España anima a los jugadores del equipo que representa al Colegio español de Roma.




CALENDARIO Y EQUIPOS QUE JUGARÁN LA SÉPTIMA TEMPORADA  CLERICUS CUP 2013

Gior.OraCampoSquadreDataRisultato
parzialefinale
19:00ANorth American Martyrs
Collegio Spagnolo
Sabato 23/2
110:30 Collegio San Paolo
Pontificio Collegio Urbano
Sabato 23/2
29:00ACollegio San Paolo
North American Martyrs
Sabato 9/3
210:30BCollegio Spagnolo
Pontificio Collegio Urbano
Sabato 9/3
310:30 Pontificio Collegio Urbano
North American Martyrs
Sabato 16/3 
10:30 Collegio Spagnolo
Collegio San Paolo
Sabato 16/3 
  
 Gior.OraCampoSquadreDataRisultato
parzialefinale
19:00BPontificia Università Gregoriana
Pontificio Seminario Gallico
Sabato 23/2
110:30 AMater Ecclesiae
Collegio Messicano
Sabato 23/2
29:00 BPontificio Seminario Gallico
Mater Ecclesiae
Sabato 9/3
210:30 ACollegio Messicano
Pontificia Università Gregoriana
Sabato 9/3
39:00 BMater Ecclesiae
Pontificia Università Gregoriana
Sabato 16/3
9:00 APontificio Seminario Gallico
Collegio Messicano
Sabato 16/3
  
Gior.OraCampoSquadreDataRisultato
parzialefinale
114:30AGuanelliani Redemptoris MaterDomenica
24/2
115:45BCollegio Pio Brasiliano
Verbo Incarnato
Domenica
24/2
  
214:30ARedemptoris Mater
Collegio Pio Brasiliano
Domenica
10/3
215:45BVerbo Incarnato
Guanelliani
Domenica
10/3
315:45ACollegio Pio Brasiliano
Guanelliani
Domenica
17/3
15:45BRedemptoris Mater
Verbo Incarnato
Domenica
17/3
  
Gior.OraCampoSquadreDataRisultato
parzialefinale
114:30BSedes Sapientiae
Collegio Pio Latinoamericano
Domenica 24/2
115:45AIstituto Teologico San Pietro
Seminario Romano Maggiore
Domenica 24/2
214:30BCollegio Pio Latinoamericano
Istituto Teologico San Pietro
Domenica 10/3
215:45ASeminario Romano Maggiore
Sedes Sapientiae
Domenica 10/3
314:30BIstituto Teologico San Pietro
Sedes Sapientiae
Domenica 17/3
14:30ACollegio Pio Latinoamericano
Seminario Romano Maggiore
Domenica 17/3
  
Quarti di finale - sabato 13 aprile
Semifinali - sabato 11 maggio
Finali - sabato 18 maggio


sábado, 16 de febrero de 2013

Último encuentro del Papa Benedicto XVI con seminaristas y presbíteros de la diócesis de Roma


Autor Padre José Medina

Queridos amigos y hermanos del blog: ha sido un momento emotivo, como todos los que está protagonizando, probablemente sin pretenderlo este papa alemán, que fue presentado en su elección como terrible cancerbero, y que ha sorprendido a todos por la simplicidad con que ha abordado el pontificado y la naturalidad con la que ha reconocido que hace falta alguien con más fuerza y energía para asumir uno de los cargos más abrumadores. Ayer tuvo el encuentro final con sus sacerdotes y seminaristas, los de la diócesis de Roma, liderados por el cardenal vicario Agostino Vallini.

En el Aula Pablo VI, Benedicto XVI mantuvo este encuentro con los presbíteros y estudiantes para el presbiterado de su diócesis de Roma, guiados por el cardenal vicario Agostino Vallini. Cuando faltan dos semanas para acabar su ministerio, el santo padre hizo una amplia reflexión sobre su experiencia personal en el Concilio Vaticano II y las interpretaciones que se hicieron fuera.

Tras el largo emocionado aplauso, el cardenal vicario para Roma Agostino Vallini afirmó que esta diócesis le será siempre grata por su ejemplo y su alta visión de la vida sacerdotal.
El papa empezó su intervención expresando la alegría de ver cómo la Iglesia de Roma es una Iglesia viva y su clero es realmente católico, universal aún manteniendo una propia fuerte y robusta identidad. Luego, en un momento de intensa conmoción, confió a sus sacerdotes: "Aunque me retiro ahora, en la oración estoy siempre cercano a todos vosotros y estoy seguro de que también todos vosotros estaréis cercanos a mí, aunque permaneceré escondido para el mundo".

Una pequeña charla sobre el Concilio Vaticano II

Benedicto XVI ha iniciado de esta manera la que ha definido "una pequeña charla sobre el Concilio Vaticano II". Un discurso sin papel que inició con el relato de su trabajo como joven profesor junto al cardenal de Colonia, Frings, uno de los protagonistas de la etapa conciliar. El papa ha rememorado de nuevo los años sesenta y ha recordado su sentimientos y sus esperanzas juveniles en el Concilio: "Fuimos al Concilio no sólo con alegría sino con entusiasmo. Había una expectación increíble. Esperábamos que todo se renovara, verdaderamente, que viniera un nuevo Pentecostés, una nueva era de la Iglesia”.

Esperábamos, reiteró, que la Iglesia fuera de nuevo “la fuerza del mañana y la fuerza del hoy”. Y se esperaba encontrar de nuevo “la conjunción entre la Iglesia y las fuerzas mejores del mundo, para abrir el futuro de la humanidad”, para el “verdadero progreso”. Estábamos, siguió recordando, "llenos de esperanza, de entusiasmo y también de voluntad de hacer lo que nos correspondía" para que esto sucediera. El papa subrayó el espíritu eclesial, universal que permitió a los padres conciliares superar algunas dificultades iniciales en la organización de los trabajos.

En concreto, recordó que el Episcopado francés y el alemán, especialmente activos en el Concilio, tenían varios intereses en común: desde la reforma de la liturgia a la eclesiología, desde la Palabra de Dios al ecumenismo: "Yo creo ahora, retrospectivamente, que estuvo muy bien empezar por la liturgia, así aparece el primado de Dios, el primado de la adoración”.

Fue “realmente un acto de la Providencia”, indicó, que “en los inicios del Concilio estuviera la liturgia, estuviera Dios, estuviera la adoración”. Y en este punto ofreció también una reflexión sobre el misterio pascual como “centro del ser cristiano, y por tanto de la vida cristiana”, expresado en el tiempo pascual y en el domingo: "En este sentido es una pena que hoy se haya transformado el domingo en fin de semana, mientras que es el primer día, es el inicio: interiormente debemos tener presente esto, es el inicio, es el inicio de la Creación, de la recreación de la Iglesia, encuentro con el Creador y con Cristo Resucitado”.

Luego subrayó también la importancia que el Concilio dio a la inteligibilidad de los textos y a la participación activa. Lamentablemente constató sin embargo que "estos principios fueron también mal entendidos” porque “inteligibilidad no quiere decir banalidad, porque los grandes textos de la liturgia” hacen necesaria una formación permanente del cristiano, para que crezca y entre cada vez más en profundidad en el misterio y así pueda comprender”. No se entiende un texto “sólo porque está en la propia lengua”: “Sólo una formación permanente del corazón y de la mente puede realmente crear inteligibilidad y una participación que es más que una actividad exterior, que es un entrar de la persona, de mi ser en la comunión de la Iglesia y así en la comunión con Cristo”.

Sobre el tema de la Iglesia, el papa dijo que el Concilio mostró que “no sólo es una organización, algo estructural”. Es también esto, cierto, pero también “un organismo, una realidad vital, que entra en mi alma, de manera que yo mismo" soy "elemento constructivo de la Iglesia como tal”. Al mismo tiempo, añadió no se puede aceptar que un grupo “se declare Iglesia”: “No, este ‘nosotros somos Iglesia’ exige justo mi inserción en el gran ‘nosotros de los creyentes de todos los tiempos y lugares'”.

El Concilio nos enseña así que entrando en comunión con Cristo "somos en verdad pueblo de Dios". El papa recordó el debate sobre el tema de la colegialidad, y se detuvo en el ecumenismo y el diálogo interreligioso, afrontado por el Concilio en concreto en el documento Nostra Aetate. Benedicto XVI subrayó que hay mucho que hacer para "llegar a una lectura realmente en el espíritu del Concilio”, cuya aplicación “aún no es completa”. Y dedicó la parte final de su discurso al papel de los medios de comunicación.

El Concilio “virtual” de los medios de comunicación

“Estaba el Concilio de los Padres pero también estaba el Concilio de los medios de comunicación, que era casi un Concilio por sí mismo” indicó Benedicto XVI recorriendo sus recuerdos. Si bien lamentó el papa “el mundo percibió el Concilio más a través de los medios que eran muy eficientes, o sea que al público le llegó más el 'Concilio de los medios' que el Concilio de los Padres”.

“El Concilio de los Padres -precisó- se realizaba dentro de la fe, el Concilio de la fe buscaba el intellectus, intentaba entenderse, entender las señales de Dios y dar respuestas a los desafíos del momento. En cambio el Concilio de los periodistas no se realizó dentro de la fe, sino en el interior de las categorías de los medios de comunicación de hoy, o sea fuera de la fe, con una hermenéutica diversa”.

Con la voz serena que le caracteriza el papa precisó: “Era una hermenéutica política. Para los medios de difusión, el Concilio era una lucha política, una lucha de poder entre las diversas corrientes dentro de la Iglesia, y era evidente que ellos tomaron posición a favor de la parte que les parecía más complaciente con su mundo”.

Y por lo tanto, explicó el papa, apoyaron a aquellos que buscaban la descentralización de la Iglesia, los poderes de los obispos a través de la palabra del pueblo de Dios. El poder de los laicos, o sea soberanía popular. “Claramente para ellos esta era la parte que debía ser aprobada y promulgada y ayudada”, dijo.

O sea veían a la Iglesia “no como un acto de la fe sino como un lugar donde se hacen cosas comprensibles, actividades de la comunidad”. El santo padre añadió que existía una tendencia que se fundaba también históricamente en la sacralidad como una cosa pagana. Que veía al culto como algo profano, o sea “el culto no es culto, sino un acto de conjunto de la participación común. Y estas traducciones del Concilio fueron violentas en la praxis de la aplicación de la reforma litúrgica, porque nacieron fuera de una visión del Concilio y de su propia clave de Fe”.

Benedicto XVI, siempre hablando como en una charla, sin ningún tipo de apuntes, añadió: “Sabemos cómo ese 'Concilio de los medios' era más accesible a todos, dominante y más eficiente. Y ha creado calamidades, tantos problemas y miserias. Seminarios cerrados, conventos cerrados, liturgia banalizada”.

“Este Concilio de los medios -prosiguió el papa- se impuso en la sociedad creando numerosos problemas, mientas que el Concilio tuvo dificultad para concretarse”. Porque, por así decir, “el concilio virtual era más fuerte que el concilio real”.

Pero la fuerza del Concilio estaba presente -reivindicó el santo padre- y, poco a poco, se realiza cada vez más y se vuelve la verdadera fuerza, que en realidad es la verdadera reforma y verdadera renovación de la Iglesia”.

Benedicto XVI, al concluir, indicó a los varios miles de sacerdotes y seminaristas presentes: “Cincuenta años después del Concilio vemos que ese 'Concilio virtual' se está perdiendo, y al mismo tiempo va surgiendo el verdadero Concilio con toda su fuerza espiritual. Y es nuestro deber en este Año de la Fe, trabajar para que el verdadero Concilio, con la fuerza del Espíritu Santo se realice y la Iglesia sea realmente renovada.

Al final de esta reflexión, hecha sin papeles, sobre el Concilio Vaticano II, Benedicto XVI se despidió conmovido de sus sacerdotes: "Esperemos que el Señor nos ayude. Yo, retirado en mi oración, estaré siempre con vosotros, y juntos vayamos adelante con el Señor, en la certidumbre de que vence el Señor.Gracias".


martes, 12 de febrero de 2013

Ya casi es Cuaresma!!! El tiempo vuela... Cómo planeas vivir tu cuaresma?


Por Luis Alva

El domingo pasado, recibí como respuesta a un saludo de una amiga, el siguiente mensaje: "Amigo! Ya es el día del señor. Yo apenas voy despertando pero me dispondré para vivirlo. Dios te cuide también a ti. Ya casi es cuaresma!!! El tiempo vuela.... Cómo planeas vivir tu cuaresma?" Al leer el mensaje quedé sin palabras, porque cada día Dios me sigue hablando por medio de mis hermanos, en esta ocasión de Karla Mariana. Realmente era una lección sobre dos temas importantes, mi disposición para vivir el domingo y mis planes para vivir la cuaresma. 

Respecto a lo segundo, confieso que como sacerdote me está preocupando e interesando más qué es lo que voy a predicar (charlas sobre la cuaresma a los seminaristas, homilías con sentido cuaresmal, otras charlas para unas monjas que tengo que impartir, confesar, vía crucis, etc…) que la propia vivencia de lo que significa para un cristiano la cuaresma. Es muy triste (como sacerdote) sentirse más pastor que oveja, sentirse como un cucharon de sopa  que sólo da y finalmente termina quedando vacío, hacer que otros vivan lo que no vivimos, etc. Es una realidad también que junto a este gran tiempo de cuaresma están las números actividades parroquiales que nos observen por completo, haciéndonos olvidar de lo primordial. Sin embargo, somos los primeros en que tenemos que esforzarnos por vivir este gran acontecimiento que la Iglesia nos ofrece.

Esto que puede pasar a los sacerdotes, también les puede pasar a los seminaristas. Cuarenta días pueden ser mucho tiempo, como también, puede ser muy poco tiempo para prepararnos para la santa semana que lo concluye. En muchos Seminarios se inicia la semana santa con retiro espiritual cuaresmal, otros, simplemente con una charla donde se marcan puntos relevantes sobre la cuaresma, se altera el horario debido al vía crucis y a las confesiones, etc., En otros seminarios junto a las actividades propias de la cuaresma se da relevancia a la preparación para las misiones que se realizan en semana santa, etc. 

A continuación te presento el Mensaje (36 FRASES QUE RESUMEN EL MENSAJE) para la Cuaresma 2013 del santo padre Benedicto XVI, que sin duda es un itinerario muy profundo sobre el significado de la cuaresma, que podría ser profundizado a lo largo de estos cuarenta días que se inicia mañana. El papa a la luz de su carta encíclica Deus Caristas est, nos expone de manera profunda la relación entre la fe y la caridad, contextualizando su mensaje al Año de la fe que estamos viviendo.

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2013

Creer en la caridad suscita caridad
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16)

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva...

El amor no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro».

 El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.

 Todo esto es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado»

De aquí deriva para todos los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad».

 El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo.

Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor...

 La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor.

 El amor es una luz en el fondo la única que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar».

Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella».

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios.

 La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama.

Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.

Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. 

Sólo nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15).

Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s).
Nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».

Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.

En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4).

En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42).

A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria.

La mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra».

Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios.

 «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10).

Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente.

 La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado.
 La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud.

La caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos.

El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. 

Vaticano, 15 de octubre de 2012
BENEDICTUS PP. XVI




lunes, 11 de febrero de 2013

Alcoholismo en la vida sacerdotal y religiosa!


Por Eugenia Ponce De León Álvarez
Fuente: Almas A.C.

La vida Religiosa y Sacerdotal expone a “revivir” ciertas situaciones traumáticas, donde los vínculos cercanos con las personas son juzgados, las actitudes afectivas y las muestras de agrado por amigos(a) son mal vistas, es como si se condenara de cierta forma a vivir en al aislamiento y este estado podría conectarse con situaciones dolorosas de nuestro pasado.

El hecho de “beber” en nuestra sociedad es socialmente bien aceptado, aunque irónicamente el Alcohol es la droga más mortífera que existe actualmente sobre la tierra.

¿Por qué de pronto parece que dentro la vida religiosa y sacerdotal también es un recurso al cual se recurre? y que por ende pareciera que es socialmente aceptado al igual que en le mundo cotidiano. La finalidad de este artículo no es juzgar si es bien visto o si la persona hace bien o mal a su vida, si no más bien intentar ahondar de un modo más profundo ¿Que le podría estar sucediendo al alcohólico?

El alcoholismo es un síntoma, que nos está indicando que algo más profundo ocurre, es una señal de dolor, de sufrimiento y que la única forma que encuentra para manifestarse, es por medio del alcohol, la persona no percibe otra solución para manejar su dolor, su carencia, su vacío, su tristeza y sobre todo su falta.

¿Falta de qué? De amor, de comprensión, de pertenecer, e incluso de “ser”.

La solución que encuentra es la autodestrucción y es por eso que posiblemente en el fondo de todo, se encuentra una persona profundamente deprimida, profundamente desesperanzada y sin un sólo motivo tal vez para querer vivir.

El alcohólico sufre muchísimo, pero a veces es difícil comprender para la sociedad y sobre todo no juzgar lo que le ocurre, ya que el alcohol actúa así como en un intento de anestesiar todo este dolor y aunque sea por un breve tiempo, efectivamente lo logra y “no siente” y en cada intento que hace por sanar el dolor, cae en la cuenta de que no ha sanado y recurre a una cantidad mayor de alcohol, ya que el cree que es la única solución, pues es la única que conoce.

El origen y la causa podría deberse a múltiples factores, pero sobre todo tendría que ver con vivencias y experiencias traumáticas de la vida infantil y al no darnos cuenta y sin saberlo durante la vida adulta vivimos experiencias que se parecen a “aquello traumático” y aplicamos la solución que “conocemos” auque resulte destructiva o autodestructiva ya que la aprendimos también desde niños sin darnos cuenta.

En psicoterapia la intención es proporcionar nuevas vías para trabajar y solucionar el dolor a través de una solución que resulte adaptativa para la persona y por ende pueda encontrar otras formas de “sanar” y poder tener una mejor calidad de vida dentro de su contexto religioso y sacerdotal.


viernes, 8 de febrero de 2013

Dormirse en clases se da en todos los lugares del planeta!

Por Luis Alva

El ritmo de vida de un Seminario es muy agitado. Los seminaristas desde muy temprano están en constantes actividades, oración por la mañana, luego las clases, la limpieza de ambientes propios del seminario, el trabajo y el deporte, nuevamente el estudio personal por la tarde, oración - misa, recreo - tv, nuevamente un tiempito de estudio personal por la noche, etc., es lógico que después de todas estas actividades el seminarista llegue agotado, sin fuerzas, rendido. Los fines de semana en lugar de ser días de descanso, como lo es para los jóvenes estudiantes o que trabajan, para un seminarista son días de trabajo pastoral, algunos tienen que viajar varias horas, otros caminar muchos kilómetros, otros están hasta muy tarde en las actividades parroquiales, y otros pasan la noche en la casa parroquial. El riesgo de esta "vida agitada" de un seminarista es que no duerma las horas necesarias para recobrar energías y seguir el ritmo. Es una realidad que en tiempo de exámenes, por ejemplo, se duerma poco (como también es otra la realidad, por ejemplo, el uso del internet hasta altas horas de la noche). La mayor consecuencia de "dormir poco" es que el seminarista se "duerme en el tiempo de clases". Esta es una realidad, en la aula de clases siempre hay uno casi dormido por completo, y más de uno "cabeceando". La solución ante esto dicen los expertos dormir 8 horas, pero sabemos que a veces no se llega ni a cinco horas, y es por eso que a continuación te presento algunos consejos y sugerencias para evitar dormir en clases,como también para evitar que los alumnos se duerman en clases!

DORMIRSE EN CLASES SE DA EN TODOS LOS LUGARES DEL PLANETA

Los estudiantes y profesores de todo el mundo sugieren diferentes consejos y sugerencias para no caer en el HÁBITO de dormir en clases, ahora ver los criterios juveniles:

1 Dormir 8 horas diarias.
2 Tomar un baño por las mañanas (con agua fría).
3 Desayunar adecuadamente (desayuno equilibrado).
4 Masticar chicles o saborear caramelos mentolados.
5 Tomar abundante agua fría antes del inicio de la clase.
6 Prestar atención al profesor.
7 Participar en clases.
8 Pensar en otra cosa que no sea dormir.
9 Tomar apuntes.
10 Ejercitar la memoria (con dinámicas).
11 Cambiar los hábitos de estudio que sean inadecuados e infructuosos.
12 Tomar un café cargado, té negro, té de Ginseng  o  té de canela con jugo de limón.
13 Tomar coca cola o Pepsi cola.
14 Hacer ejercicios mentales.
15 Garabatear o hacer dibujos
16 Realizar constantemente preguntas al  profesor.
17 Ubicarse en las primeras filas.
18 Proponerse no dormir en clases.
19 Tomar vitaminas (especialmente complejo B).
20 Intercambiar ideas con sus compañeros.
21 Mantenerse activo en clases.
22 Lavarse la cara.
23 Ponerse en el rostro paños de agua fría o toallitas húmedas (Johnson & Johnson).
24 Evitar caer en estado de pasividad..


El hábito de dormir en clase puede ser apaliado con el trabajo con la audiencia  por parte de los profesores, veamos algunas sugerencias para los maestros:


“Una de las evidencias más contundentes de que estamos siendo efectivos en una clase es ver a todos nuestros estudiantes atentos y despiertos. Cuando comienzan a cerrar sus ojos y a cabecear es necesario evaluar lo que estamos haciendo e intervenir para sacarlos del poder de Morfeo.

Lo interesante del asunto es que para lograr la atención de nuestros estudiantes no es suficiente conocer el material, lo esencial es saberlo comunicar de forma efectiva. Nuestro lenguaje corporal y la entonación de nuestra voz son elementos que determinarán si somos exitosos comunicando nuestras ideas”.

1. Decir las cosas con pasión es siempre una manera de llamar la atención de nuestros estudiantes. Si le aburre el material de la clase, no puede esperar que los estudiantes le presten atención.

2. Si habla siempre con el mismo tono de voz se dormirán hasta a aquellos que sufran de insomnio. Cambie de entonación cuantas veces lo crea necesario.

3. Cuando vea que la energía está disminuyendo, haga algo que llame la atención.

4. Manténganse haciendo preguntas a la clase. No hable por más de cinco minutos sin hacer una pregunta.

5. Utilice las pausas como una forma de enfatizar unos tópicos en particular.

6. Evalúe constantemente el lenguaje corporal de la clase.

7. Utilice el humor como una manera de capturar la atención de los estudiantes y despertarlos.

Recuerde que si nuestros estudiantes están dormidos, no podrá comunicarse de manera efectiva. Así que la primera tarea monumental del proceso de enseñanza-aprendizaje es lograr que los alumnos no se duerman”. 

– Mario Núñez

En el blog de Cool Cat Teacher se discute la importancia de utilizar de forma efectiva nuestra voz para mantener la atención de nuestros estudiantes basado en el libro “How to Say it With Your Voice”:

Tomado de:
http://www.vidadigital.net/blog/2006/02/12/cuando-nuestros-estudiantes-se-duermen/


miércoles, 6 de febrero de 2013

Carta de una madre a su hijo sacerdote!


Por Luis Alva

Tengo aquí en mis manos un librito, que es una auténtica joya espiritual, que se titula: “Cartas de una madre a su hijo sacerdote”. Al leerlo no cabe si no un comentario: ¡La mujer que lo ha escrito es una santa! El Libro es una edición privada (por tanto no existe en librerías), que contiene 137 cartas, o fragmentos que doña Rosario Alday Balnás dirigió a su hijo sacerdote, Misionero del Espíritu santo, P. Salvador Carrillo Alday.

Rosario va escribiendo a su hijo con una exquisita caligrafía signo de la serenidad de su alma. La carta es sin duda retrato de tu alma. Su espiritualidad, fuertemente anclada en la oración, es una espiritualidad trinitaria y sacerdotal, oblativa, transida del amor a la voluntad divina. Hay una extraordinaria vinculación sacerdotal con su hijo sacerdote; se siente con autoridad espiritual para bendecirlo al final de todas sus cartas. Sus anhelos de total pureza pueden verse muy claramente expresado:

"Ofréceme constantemente al Padre celestial en unión de Jesús; ponme muy cerca de tu sacerdocio. Pero ante todo pide el perdón de mis pecados y las gracias que necesite mi alma para alcanzar mi salvación. Pide para mí un dolor perfecto de haber ofendido a Dios en mi larga vida y la gracia especialísima de que en los últimos días, horas e instantes de mi vida desaparezcan para mí todas las cosas de este mundo (en donde he amado tanto), y sólo quede en mi mente, en mi alma y en mi corazón: el amor al Padre por ser quien es, digno de todo amor; el amor al Hijo, por quien tenemos toda clase de bienes; el amor al Espíritu Santo con el mismo fuego que infunda mi alma. 
Si alguien puede entrever, auqnue sea de una manera ínfima, es el corazón de una madre que se sustenta de amor y de dolo y que no desea otra cosa más que el bien y la felicidad de sus hijos. No hablo de la felicidad de la tierra, sino de esa felicidad íntima y profunda que deja en el alma, muchas veces en medio de grandes sufrimientos, el aceptar con amor la voluntad de Dios.
Nuestro Señor tiene sus designios para cada alma y en estos momentos sólo quiero ocuparme de la tuya.
Desde el momento en que pensó crearla. Desde toda la eterninad, la escogió para sí. Fue un acto de amor y de predilección que abarca toda la eternidad, fue la voluntad de Dios sobre ti. Desde muy pequeño te dejó entrever el lugar que te tenía preparado en el mundo, fue llevándote como de la mano, prodigándote su ayuda, su amor y todas sus delicadezas.
No dejo de comprender que te habrá costado muchas inmolaciones...; mas esos son siempre sus caminos, caminos de amor y de misericordia, los mismos que Él escogió para glorificar a su Padre.
Ámalo e imítalo siempre así porque Él así lo quiere, porque esa es la voluntad.

Tomado de: Rufino Grandez, Latidos sacerdotales desde México, en Surge Vol 68. pp. 659-661


lunes, 4 de febrero de 2013

Sacerdote milagro de la Gracia!

Por Luis Alva

No hay mejor herramienta para atraer a los jóvenes a la Iglesia y animarlos por el sacerdocio que el propio testimonio gozoso de los sacerdotes, ya sea de sacerdotes párrocos, de sacerdotes formadores o de simples sacerdotes. A lo largo de mi camino vocacional me he encontrado con sacerdotes que realmente motivan a decir "vale la pena ser sacerdote" o "me gustaría ser sacerdote como él" o "qué sacerdote para sencillo", o "éste si que es un sacerdote milagro de la gracia" etc., es por ello que a continuación te presento a uno de estos grandes y sencillos sacerdotes, el padre Ángel Javier Pérez Pueyo, ha sido formador en varios seminarios, y actualmente, es Secretario Técnico de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, su testimonio es digno de ser conocido.



Ángel Javier Pérez Pueyo
Sacerdote Operario Diocesano

Mi sacerdocio, imagino que como el de todos, ha sido un milagro de la GRACIA. ¿Quién me mandaría levantar la mano en la escuela? ¿Por qué acogerían mis padres aquella propuesta que les hice con apenas 9 años? ¿Por qué no me pusieron reparos ante la minusvalía de mi hermana? ¿Por qué no me animaron a posponer mi decisión? Todo «PROVIDENTE».
Ahora que ya han fallecido, me conmueve evocar lo «orgullosos» que se sentían de ser los padres o la hermana de aquel sencillo y humilde servidor cuyo único oficio es repartir a manos llenas «PALABRA» y «PAN», «TERNURA» y «PERDÓN».

Junto a esta primera mediación, es justo reconocer también la impronta que me ha dejado mi parroquia, el seminario donde me formé o donde he ido ejerciendo el ministerio... En cada lugar y circunstancia, el Señor ha ido poniendo en mi camino las personas adecuadas para ir conformando mi corazón con el suyo. Los formadores, no cabe duda, dejaron en mi vida una huella imborrable y ejercieron una gran fuerza de atracción, sobre todo, por su estilo educativo familiar, su vida y trabajo en equipo, su capacidad de acogida y sencillez ―sin ambición de cargos, honores o privilegios―, su espiritualidad eucarística, su libertad apostólica ―sin ataduras familiares ni económicas―, su obediencia cordial ―sin servilismos ni paternalismos―, su disponibilidad universal, su celo ardiente por la promoción, formación y sostenimiento de todas las vocaciones…

Un hermoso y noble ideal que no se puede conseguir de forma individual ni aislada. Sólo «en unión con otros» ―como dirá Mosén Sol― es posible llegar a ser plenamente hombre, sacerdote y santo.

Tuvieron que pasar varios años hasta que acerté a descubrir que este estilo singular de ejercer el ministerio, inspirado por Dios a Don Manuel en 1883, que tanto me atraía, respondía a una manera nueva de encarnar en la Iglesia la «fraternidad presbiteral» y que años más tarde ratificaría el propio Concilio Vaticano II.

El 22 de mayo de 2008, festividad del Corpus Christi, coincidiendo con la preparación del centenario de la muerte de Mosén Sol, me tocó recibir como Director General aquella carta de la Santa Sede ―cfr. Congregación del Clero, Protocolo nº. 0888/2008― que tanto anheló en vida Don Manuel. En ella se ratificaba su Obra, la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús, tal como el Señor se la había inspirado, como una verdadera Asociación Sacerdotal de Derecho Pontificio, con potestad de incardinación, casas de formación y obras propias para poder llevar a cabo su misión evangelizadora al servicio de las vocaciones en la Iglesia universal.

Este acontecimiento de gracia, justo cuando la Iglesia entera se halla embarcada en una «nueva evangelización», me interpela y anima a vivir con pasión la novedad y singularidad que esta fraternidad presbiteral, enraizada en la eucaristía, ofrece como respuesta humilde pero fecunda al servicio de las vocaciones en la Iglesia universal.

Todo un privilegio que me permite vivir con plenitud de sentido y alcanzar la santidad por medio del ejercicio del propio ministerio; que me ofrece una gran libertad y autonomía para administrar lo propio y lo común; que me proporciona una grandeza eclesial de espíritu y una altura de miras para estar siempre disponible; que me autoriza a vivir una doble pertenencia jurídico-afectiva con mi propia Diócesis de Zaragoza, y afectivo-pastoral con las diócesis a las que sirvo actualmente, a través de la Comisión Episcopal de Seminarios; que me ha imbuido del genuino sello sacerdotal de Mosén Sol; que ha impreso en mi corazón esa impronta vocacional que me permite valorar todos los carismas eclesiales y favorecer la complementariedad de todas las vocaciones; que me permite compartir la búsqueda de sentido con tantos jóvenes, mostrándoles la libertad y la plenitud que Cristo les ofrece; que me urge a «eucaristizar» la vida como expresión de que es en la eucaristía donde se enraíza mi propia espiritualidad como creyente y como presbítero; etc.. Así de sencillo, así de estimulante y, al mismo tiempo, así de arduo y delicado.

Ser «sacerdote y nada más que sacerdote». Trabajar «en la raíz del bien» colaborando en la formación de los futuros sacerdotes. Sostener a los que ejercen un ministerio en la Iglesia, sirviendo de «bálsamo» de cuantos se hallan «deshabitados», «heridos», cansados, desencantados, descentrados. Y recrear junto a ellos el presbiterio diocesano como «microclima» natural que la Iglesia nos ofrece para nuestro crecimiento y santificación. Todo un reto por el que vale la pena ofrecer la vida.