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martes, 16 de octubre de 2012

¿También Ustedes darán testimonio?

Por Luis Alva

Queridos seminaristas, el cortometraje que les comparto me ha conmovido mucho, les confieso que no me han faltado las ganas de llorar. Y creo que si ustedes ven este video les conmovería mucho y les animaría en su vocación.  Son jóvenes que nos comparten su intimidad, su realidad, sus anhelos, su relación con Dios, su relación con la Iglesia.


Esto que están viviendo los jóvenes españoles no es diferente a lo que viven los jóvenes con quienes compartimos la fe el fin de semana, a lo que viven los jóvenes de nuestros países. Al responder por la Iglesia, los jóvenes se están refiriendo concretamente a los sacerdotes. Estamos viviendo un tiempo de “nueva evangelización” y de “re-evangelización”, diría yo, “volver al primer anuncio”, que intenta ser “nuevo en su  ardor, en sus métodos y en sus expresiones”.  Y los jóvenes son los primeros destinatarios de esta “novedad”. Queridos seminaristas está en nuestras manos el poder mostrar una “nueva Iglesia” para todos, una nueva oportunidad de fe especialmente para los jóvenes.
 



¿Quien es Dios para estos jóvenes?

Para mi Dios no es más que una palabra; no encontrado una respuesta para, para pensar que exista; yo pienso que la vida es casual; no creo en Dios en sí; una hipótesis; ahora mismo cien por cien tendría que decir que no, porque no es algo de medias tintas;  creo en Dios y lo siento como una realidad y sé para mi es una verdad; si creo en algo, en algo más; no soy cristiana, no soy católica, ni judía, ni musulmana, tampoco islamista; Dios es padre de todos, absolutamente de todos que siempre perdona, que es un padre bueno; yo no creo en Dios como me lo enseñaron en el colegio, Jesús, pero si que creo, si que creo, para Dios  es el amor; llega un momento que no, no se, te planteas en que mientras me haga bien el creer creeré, pero hay días en que digo el creer o no creer no me hace vivir mejor.

Los jóvenes y la Iglesia

El problema es con la institución por así decirlo, no veo coherencia, no veo sinceridad, no veo transparencia; en la religión tan dura, tan cerrada, con tantas normas impuestas, no creo, creo en la forma que yo veo a Dios; conozco más gente que esta cerca a la Iglesia y luego son muy intolerantes con los problemas  de los demás; que yo tampoco que sea modelo así, pero yo no me subo a un pulpito, de decir lo que tienes que hacer, y otros sí; yo lo que busco son mensajes más concretos y no tan abstractos. La Iglesia católica como tal, ofrece ideas contrarias, de cierta intolerancia, de cierta ya no compasión sino lastima y de condena a las persona; la imagen que llega a los jóvenes esta muy alejada de los que ellos piensan en realidad. La iglesia tendría que acercarse más, dejar las ideas más claras; para mí su forma de verlo, de la forma más cotidiana posible, más cercana posible. No pueden presionar también tienen que escuchar, entenderle, ponerle en su situación, pienso que algunos la hacen bien y otro no saben hacerlo.


¿Qué admiran los jóvenes?


Admiro la relación que tiene con la religión el cura de mi pueblo, una relación muy honesta con una relación muy social.
Admiro la gran sensibilidad, admiro la gran cordura, la gran coherencia, el que sean incluso críticos también de lo que ellos creen, admiro también el amor  con que hablan de lo que creen. La principal herramienta para llegar a los jóvenes de hoy en día, somos los propios jóvenes. En clase pienso que yo soy más útil que un día llegue un cura y que suelte una charla porque no está disponibles de escuchar al cura.


“No os guardéis a Cristo para ustedes mimos, comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios, id por el mundo entero y proclamar el evangelio a toda la creación”.
 Juan Pablo II

 


lunes, 15 de octubre de 2012

Seminarista, Gracias por jugarte en esta manera de honrar la vida!

Buenos Aires, 14 Octubre de 2012




Queridos seminaristas… Nuestro “Amigo” no me regaló el talento de la escritura, pero si Ustedes dijeron SI con sus vidas, como no voy a decir yo un sí, e intentar contarles lo que siento. Descubrir la vocación es una tarea intensa y aunque sea la misma para todos, la manera de concretarla, de actuarla, de vivirla no es igual y en eso se nos van las penas y las glorias en este camino de estar vivos y vivir… Cuando uno tiene la intención de “honrar la vida”, ese preciado regalo de Dios, este es el trabajo más profundo en el que nos comprometemos. 
A lo largo de la mía, con la que ya cubro cinco décadas y voy por la sexta, mucho reflexioné sobre la “felicidad”. Descubrí que no sólo es un derecho, sino que es una obligación el ser felices, es un regalo de Dios. No es un lugar donde llegar, o un objeto o meta a alcanzar, sino una “forma” de estar en el mundo y de ver todo lo que nos rodea. Colmarnos de SU Amor. Creo que descubriendo la manera de vivir nuestra vocación, y llevándola adelante con sus altibajos… honramos la vida y con toda seguridad somos felices y hacemos felices a los que nos rodean. No estamos destinados a salvarnos solos.

Como humanos, y con el trabajo que nos cuesta tomar decisiones, pretenderíamos que las decisiones tomadas fueran “una y para siempre”, pero la vida no es así. Por tanto, cuando alguna duda nos asalta, solemos cuestionarnos hasta el dedo gordo del pie derecho. Pero como dice una amiga mía, mejor “haz la plancha” y deja que la marea se calme.

A lo largo de todas esas décadas vividas, pude reflexionar que cuando una crisis es vivida sin temores, uno siempre sale fortalecido. Pasar el trance no es fácil, pero siempre termina fortaleciéndonos.  

Por tanto, gracias por haber discernido tu vocación y ser libre diciendo SI. Gracias por jugarte en esta manera de honrar la vida. Gracias por buscar tu felicidad, porque harás feliz a los que te rodeen. Y enfrenta las posibles crisis sin temor, confiando en el Espíritu, porque te fortalecerán y cumplirás con tu misión que el mundo necesita. 

Recibe mis humildes Bendiciones, voy a seguir rezando para muchos otros SI y por el tuyo, segura de que Dios te acompañará siempre y que te llevará entre sus manos cuando lo necesites.

Acuérdate de contagiar y Gracias por decir SI...

 Ana Masanti
Una vieja amiga de los Sacerdotes Operarios Diocesanos…


sábado, 13 de octubre de 2012

No puedes servir a Dios y al dinero!!

José Antonio Pagola

Ponencia de Jose Antonio Pagola en el 32 Congreso de Teología que tuvo lugar en Madrid del 6 a 9 de Septiembre de 2012 en los locales de Comisiones Obreras. Esta ponencia tuvo una ENTUSIASTA acogida por partes de los asistentes que abarrotaron el salón de actos y FUE PREMIADA con una larga ovación con los asistentes puestos en pié que duró más de 5 minutos...

Primera parte (el video de la ponencia está dividido en cuatro partes)
 "NO PODEIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO" (Parte 1 de 4)




POR SU PROFUNDO CONTENIDO se hace muy recomendable su escucha, y aunque la ponencia está hecha desde una perspectiva cristiana, la recomendación vale también para los no creyentes. A pesar de que dura en total aproximadamente hora y media (cada una de las dos partes en que está dividida dura alrederor de 45') su escucha no se hace en absoluto pesada, al contrario, ES MUY AMENA DE ESCUCHAR.

MENSAJES TAN CONTUNDENTES Y CLAROS COMO ESTE DE PAGOLA SON MUY POSITIVOS pues nos ayudan a tomar postura y a situarnos personalmente ante la profunda crisis económica y de valores que estamos viviendo.



viernes, 12 de octubre de 2012

Carta de un joven americano a los sacerdotes!!

Jorge Soley


Recientemente leía una carta abierta de un joven norteamericano a los sacerdotes. Es una carta sencilla pero llena de una fe sincera y de un celo por vivir santamente que creo que son reconfortantes (al menos lo ha sidopara mí) y muestra que el Espíritu Santo hace los milagros que quiere y cuándo quiere. Quiero compartirla con vosotros, esperando que os ayude tanto como a mí:




Carta abierta de los jovenes católicos a los sacerdotes, por Ryan Eggenberge

Queridos Padres,
 
Os escribimos esta carta porque tenemos unas cuantas cosas que deciros. Algunas son más fáciles de decir que otras, pero allá vamos.
Antes que nada, un ENORME gracias. Gracias por tener la valentía de decir sí a vuestra vocación contra-cultural. Os estaremos siempre agradecidos y nunca seremos capaces de pagaros por ello. También os estamos agradecidos por toda vuestra energía y entusiasmo que tenéis por nosotros, jóvenes católicos. Hay poca gente que nos valore por quiénes somos y que nos anime hacia la grandeza y la santidad como hacéis vosotros.
 
Pero como bien sabéis, los tiempos no son fáciles para nuestra generación de católicos en Norteamerica. El número de los que van a misa semanalmente es pequeño en estos tiempos. Algunos estudios señalan que sólo el 10% de los jóvenes van a misa con regularidad. Esto es, como mínimo,bastante preocupante.
 
Pero aquí queremos compartir algunas cosas con vosotros. Es probable que ya las sepáis, pues algunos de vosotros pertenecéis a nuestra generación. Pero queremos compartirlas de todas maneras, sólo por si acaso las ignoráis.
 
En primer lugar, amamos la ortodoxia. Tenemos hambre de verdad. Tenemos hambre de una lógica sensata, de sentido común, y de Jesucristo.
 
Un número enorme de nosotros ama las tradiciones de la Iglesia que a nuestros padres y abuelos no les agradaban mucho. ¿Sabéis por que? Porqué esas prácticas inconfundiblemente católicas nos ayudan a mantenernos firmes en un mundo obsesionado con la mediocridad, con adaptarse a él y ser "normal".
 
Las prácticas que nos hacen inconfundiblemente católicos – como la confesión frecuente, la adoración, el Rosario, e incluso el uso habitual del incienso en la Misa – de un modo misterioso, estas cosas nos ayudan a fortalecer nuestra identidad como católicos en el mundo.
 
Mientras que a veces podéis pensar que ya hay demasiado de todo esto, nosotros pensamos que hay demasiado poco.
 
En segundo lugar, la oración nos cuesta mucho. El mundo en el que hemos crecido es un mundo diferente de todo lo que hayáis podido imaginar. No recordamos un tiempo sin internet en casa. Nuestra capacidad de atención es vergonzosamente corta y el silencio es casi inexistente en nuestras vidas cotidianas.
 
Nunca aprendimos a simplemente sentarnos y "perder el tiempo" con Dios.
 
Rezad con nosotros. Ofrecednos más ratos de adoración. Enseñadnos las oraciones de la Iglesia, como la liturgia de las horas, la adoración y las innumerables novenas. Estamos sedientos de estas cosas y realmente deseamos hacer de nuestras parroquias casas de oración.
 
En tercer lugar, necesitamos ayuda sobre cómo actuar con la pornografía, el sexo y las relaciones amorosas. La cultura de la muerte está aquí, y aunque sabemos que Cristo triunfa al final, se está cobrando muchas vidas ahora mismo. Necesitamos ayuda, y la necesitamos rápido.
 
Más que la confesión, necesitamos más recursos y apoyo para combatir la esclavitud de la pornografía. Seamos honestos: una mayoría de los jóvenes de nuestra generación están atrapados en ella.
 
No es suficiente con decirnos en la confesión que necesitamos rezar más, usar más filtros en nuestro ordenador o hacer algo bueno a alguien como penitencia. Todo esto es magnífico, pero el problema se está haciendo incluso mayor.
 
Lo que necesitamos son personas en nuestras vidas que nos ayuden a luchar contra esta plaga. Da mucha vergüenza pedir ayuda o hablar de esta cuestión fuera del confesionario, así que, por favor, empezad a organizar programas, grupos y a movilizar a hombres y mujeres firmes y preparados para comprometerse con nuestra generación en una labor de consejo y dirección espiritual. Si vosotros no lo hacéis, ¿quién lo hará?
 
En cuarto lugar, no tengáis miedo de enseñar y predicar la Planificación Familiar Natural. La enseñanza de la Iglesia sobre el sexo y la sexualidad son buenas noticias. Un reciente estudio muestra que la mayoría de las mujeres católicas siguen sin estar de acuerdo con la Iglesia en ciertos aspectos de su enseñanza sobre la contracepción artificial. Sin embargo, esas mismas mujeres están abiertas a escuchar porqué la Iglesia enseña lo que enseña.
 
Estamos acostumbrados a escuchar muchas cosas sobre el sexo, pero de las fuentes incorrectas. La sabiduría de la Iglesia es una gracia salvadora y queremos más de ella.
 
En quinto lugar, predicad más sobre Jesús y que El está vivo. Muchos de nosotros fuimos a un colegio católico, pero muy pocos somos conscientes de que Jesús esta realmente vivo.
Y esto es preocupante, porque esto es el motivo por el que somos cristianos.
El hecho básico de nuestra fe es desconocido. Dado que la mayoría de los católicos aprenden sobre Dios lo que escuchan en los diez minutos de homilía, que a menudo dejan bastante que desear en términos de contenido, podemos ver porqué es así.
 
Por ultimo, necesitamos más oportunidades para los sacramentos en general. Es difícil para cualquiera de nuestra generación ir a confesarnos a las 3:30pm el Sábado por la tarde, especialmente para aquellos de nosotros que tenemos dos trabajos y una joven familia de la que cuidar. Poder quedar con vosotros está muy bien, pero tener al menos otra oportunidad de confesarse sería ideal.
 
Ya sabemos que vosotros también estáis muy ocupados. Pero si los sacramentos son realmente lo que decís que son, entonces tendrían que estar más fácilmente disponibles. El mundo quiere saciarnos, pero nosotros estamos sedientos de la Fuente de la Vida.
 


jueves, 11 de octubre de 2012

El Sínodo de la Nueva Evangelización!

Mons. Esteban Escudero
Obispo de Palencia
 
 

Cuando el lector abra los niticieros esta mañana, el Papa Benedicto XVI estará celebrando en la plaza de San Pedro de Roma la Misa solemne de inauguración de la XIII Asamblea General del Sínodo de Obispos dedicado a la “Nueva Evangelización”. Obispos de todo el mundo, elegidos de entre sus compañeros en cada una de las Conferencias Episcopales, se reunirán con el Papa y un selecto número de expertos para debatir, desde el 7 al 28 de este mismo mes de Octubre, la transmisión de la fe cristiana a los hombres y mujeres que viven en el cambiante mundo actual.
Los padres sinodales compartirán las experiencias de sus Iglesias particulares, redactando unas proposiciones que presentarán al Papa, a fin de que, una vez aprobadas y elaboradas debidamente las publique en forma de “Exhortación Apostólica postsinodal”, documento eclesial de alto rango doctrinal. El trabajo de los asistentes al Sínodo ya ha sido preparado previamente por informes y aportaciones llegados a la Secretaría del mismo desde todo el mundo y que han sido recogidos en un texto con el nombre latino de “Lineamenta”, que es en realidad un documento base sobre el cual iniciar el diálogo. Yo quisiera en este artículo dar a conocer a la opinión pública las intenciones programáticas recogidas en este extenso documento preparatorio del Sínodo.
El tema de la Asamblea. En los primeros números del articulado de los “Lineamenta” podemos leer: Las afirmaciones del apóstol Pablo «predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio!» (1 Co 9, 16) se pueden aplicar y entender en relación a la Iglesia en su conjunto. Como nos recuerda el Papa Pablo VI: «la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia… Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar».
Ya hace más de cuarenta años el Concilio Vaticano II afirmaba: «El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero». Estos cambios de los cuales el Concilio nos habla, se multiplicaron en el período sucesivo a su celebración y, a diferencia de aquellos años, no inducen sólo a la esperanza, no suscitan sólo esperanzas utópicas, sino que además generan incluso miedo y siembran desconfianza. En un tiempo caracterizado por cambios y transformaciones es útil para la Iglesia dedicar momentos y ocasiones de escucha y de confrontación recíproca, para que se mantenga en un nivel alto de calidad el ejercicio del discernimiento exigido por la acción evangelizadora, que, como Iglesia, estamos llamados a vivir. La Asamblea General Ordinaria desea ser un momento privilegiado, una etapa significativa de este camino de discernimiento.
Qué es la nueva evangelización. Nueva evangelización no significa un “nuevo Evangelio”, porque «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos» (Hb 13, 8). Nueva evangelización quiere decir: una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que diseñan la cultura a través de la cual encontramos nuestra identidad y buscamos el sentido de nuestra existencia. Nueva evangelización significa, por lo tanto, promover una cultura más profundamente enraizada en el Evangelio; quiere decir descubrir al hombre nuevo que existe en nosotros gracias al Espíritu que nos ha dado Jesucristo y el Padre.
La alegría de la evangelización. Nueva evangelización quiere decir compartir con el mundo sus ansias de salvación y dar razón de nuestra fe, comunicando el Logos de la esperanza (cf. 1 P 3, 15). Los hombres tienen necesidad de esperanza para poder vivir el propio presente. El contenido de esta esperanza es «el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo». Por esto la Iglesia es misionera en su íntima esencia. No podemos tener solo para nosotros las palabras de vida eterna, que se nos dan en el encuentro con Jesucristo. Esas palabras son para todos, para cada hombre. Cada persona de nuestro tiempo, lo sepa o no, tiene necesidad de este anuncio.
Precisamente la falta de esta conciencia genera desaliento. Uno los obstáculos para la nueva evangelización es la ausencia de alegría y de esperanza que tales situaciones crean y difunden entre los hombres de nuestro tiempo. Con frecuencia esta falta de alegría y de esperanza es tan fuerte que influye en nuestras mismas comunidades cristianas.
Por lo tanto, afrontemos la nueva evangelización con entusiasmo. Aprendamos la dulce y reconfortante alegría de evangelizar, aunque parezca que el anuncio sea una siembra entre lágrimas (cf. Sal 126, 6). «Hagámoslo -como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia- con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual -que busca a veces con angustia, a veces con esperanza- pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo».
Con todo mi afecto
+Esteban Escudero
Obispo de Palencia
Publicado Por: Agencia SIC


miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Por qué un año de la fe?

Por Luis Alva
 
Hay un tiempo para la esperanza y un tiempo para desesperar; un tiempo de horizontes largos que nos hacen respirar y un tiempo de horizontes estrechos que nos hacen sofocar; hay un tiempo de creación y de progreso y hay un tiempo de rutina y de decadencia. Parafraseando al eclesiastes, podemos preguntarnos ¿Cuál es el tiempo en que nos encontramos como iglesia? ¿Un tiempo de esperanza o de desespero? ¡Creo que estamos en un tiempo de esperanza!. Los 50 años del Concilio Vaticano II, el Sínodo sobre la Nueva evangelización y el Año de la fe, son motivos suficientes de esperanza para "comenzar de nuevo".
 
Motivado en esta esperanza, quiero compartir con los seminaristas los "Por qué" de estos grandes acontecimientos de esperanza. Tengo certeza que la mayoria de los Seminaristas estan enteradísimo de esto. En el mes de julio monseñor Sebastian (obispo auxiliar de Barcelona) reflexionó y contestó a la pregunta ¿Por qué un Año de la fe?. Espero les pueda ayudar en su vivencia de esta gran esperanza en la Iglesia Católica Apostólica.
 
¿Por qué un año de la fe?
 
¡Seguramente porque lo necesitamos y mucho! ¿Quién no necesita en estos momentos un refuerzo de su vida cristiana? ¿Quién no necesita reencontrarse con sí mismo y adivinar qué lugar ocupa Dios en su propia vida? ¿Quién no necesita preguntarse seriamente si cree o no cree en Dios? Con sinceridad y humildad, creo que somos todos, sin exclusión, los que estamos en esta situación de recuperar aquella frescura inicial, cuando el don de Dios recibido en el Bautismo y en la Confirmación nos abrió a la aventura de la vida cristiana y, consciente o inconscientemente, dijimos «sí» al seguimiento de Jesús.
 
Un Año de la Fe puede significar todo o nada; depende del grado de aceptación y de disponibilidad de cada uno de «cruzar ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma». Hoy no resulta nada fácil dar respuesta a preguntas de alguien que desconfía de la vivencia de la fe o cuestiona su propia existencia. Sin embargo, es alentador ver que son muchos quienes buscan y experimentan la alegría de compartir cuando alguien los acoge como Jesús y les habla.
 
¿Por qué un Año de la Fe? Porque necesitamos que alguien nos recuerde que Dios existe y que debemos confiar en él sin complejos, escuchar nuevamente que nos acompaña, que nos ama y que nos perdona; porque necesitamos saber que nos ha creado por amor y con este mismo amor nos ha entregado a su Hijo, Jesús, para que lo aprendiéramos todo sobre Él; porque no podemos olvidar que nos ha dado su Espíritu que nos inspira a hacer el bien y nos hace decir Abbá, ¡Padre!, un Espíritu que es fuerza para el testimonio de amor que nos hará no sólo más creyentes, sino sobre todo creíbles. No lo dudemos, la crisis que vivimos es una crisis sobre Dios y sólo desde el encuentro de amistad con Él, que fundamenta el propio encuentro de amor con los demás, podremos diseñar nuevas vías de solución y de encuentro.
 
Un Año de la Fe —y consecuentemente toda la vida— es un tiempo para la vivencia, la profundización y la celebración de la fe, un tiempo privilegiado de oración y de estudio de los contenidos de la fe de la Iglesia, un tiempo para experientar gozosamente que la vida tiene sentido cuando su rumbo se orienta hacia Dios, que es amor; ¡un tiempo que también puede hacernos enormemente felices!
 
Sebastià Taltavull AngladaObispo auxiliar de Barcelona


martes, 9 de octubre de 2012

XXIV Encuentro de Seminaristas de Chile (ESECH)

Seminarista Javier Santander Vásques
Arquidiócesis de la Serena - Chile
 
El XXIV Encuentro de Seminaristas de Chile (ESECH), se llevó a cabo desde el 04 al 06 de octubre, en el Seminario San Fidel de la diócesis de Villarrica, IX región de Chile.
Como seminarista del Seminario Mayor Santo Cura de Ars, me parece menester dar a conocer la experiencia que ha suscitado un encuentro de tan alto nivel de comunión.
 
El encuentro de seminaristas ha girado en torno a tres ejes esenciales, el Año de la Fe, los cincuenta años del Concilio Vaticano II, y los desafíos para la Iglesia de hoy, estos temas han sido expresados por obispos de las diócesis cercanas y por un sacerdote con experiencia pedagógica.
Más allá de cualquier tema entregado, me parece gratificante la sensación de unidad que se da en dicho encuentro, es una oportunidad única para compartir con un futuro clero, que formaremos parte de una única Iglesia de Cristo, cabeza y pastor.
 En este año de la Fe, proclamado por su santidad Benedicto XVI, hemos podido dar buen ejemplo, en que como seguidores de Cristo nos reunimos ante un único eje. Cristo, Fuente inagotable de Salvación y Fe.
 Por último, debo agradecer y destacar la partición activa de los ocho seminarios de Chile, La Serena, Valparaíso, Santiago, San Bernardo, Rancagua, Talca, Concepción Y a los dueños de casa Villarrica, que con mucho entusiasmo y entrega hemos querido hacer de esta Iglesia católica, una Iglesia acogedora, participativa y comunitario.
Que María, bajo la advocación de nuestra Señora del Rosario de Andacollo les bendiga abundantemente a todos ustedes y les acompañe en vuestro caminar vocacional.

¡Alabado sea Jesucristo!...

Javier Santander Vásques
seminarista de 3° de filosofía,
Seminario Mayor Santo Cura de Ars 
 Arquidiócesis de la Serena-Chile